Capitoné, puros y corbata

4 bares clásicos de Madrid a los que el paso del tiempo les ha convertido en lugares de culto

 

Siempre giramos la cabeza ante el paso de un Morgan Roadster o nos embelesamos con cualquier tema de Frank Sinatra en navidades, si es el New York, New York mejor, que se lo digan al Corte Inglés. A veces utilizamos perfumes de nuestros antepasados, soñaríamos con un Rolex Daytona en nuestra muñeca en lugar de un dispositivo de los que te miden las pulsaciones o los pasos que realizaste al día. Las marcas queman sus neuronas pensando en un nuevo producto y acaban siempre triunfando cuando vuelven a lo clásico, cuando reeditan aquellas Converse o Stan Smith de los años 70. Está claro, nos mueve lo clásico.

Madrid vivió una época de muchos cambios en los años 80, fue una época de transición para toda una sociedad que avanzaba intentando saltar los obstáculos económicos. La crisis del petróleo de 1973, la expropiación de Rumasa en los 80 o las políticas de reforma tributaria no pudieron con la movida madrileña como tampoco pudieron con un tipo de hostelería que nació en los 70, donde la gente simplemente disfrutaba de un café o un vermú, acompañado todo ello por el aroma de cigarrillos y puros de los propios clientes.Una época en la que llevar corbata y traje para ir a desayunar o tomar vinos con los amigos era lo habitual para la gente que frecuentaba los bares clásicos de este artículo.

El arquitecto de la época Sebastian Criado tenía una estrecha amistad con Coco Chanel y Balenciaga. Le compró un terreno a este último en el Paseo de Eduardo Dato en Madrid y construyó un edificio de viviendas donde nació en la parte de abajo en 1969, el famoso “Richeliu”. Aquí comenzó a construirse la “Costa de los cardenales” llamada así a la linea recta que hace el Paseo de Eduardo Dato con Juan Bravo. Primero fue el cardenal Richeliu, nombre proveniente de un bar de Paris cerca de donde vivía Sebastian Criado, luego el cardenal Mazaroni y completado por el cardenal Fleury quienes daban nombre a estos bares clásicos donde se reunían las personalidades de los años 70. Fleury cambió su nombre por el de Milford años más tarde al llamarse así el edificio donde se encuentra.

Año 2020. Casi 50 años después, estos 4 clásicos siguen atrayendo a una clientela que aguanta las últimas embestidas de la vida y a otra más joven que añora una época que ni tan siquiera vivieron pero que de haber podido elegir habrían disfrutado. Barras de capitoné, sillones de cuero, puros, camareros uniformados, aceitunas y patatas como tapa y una esencia que ya sólo se respira en este tipo de bares.

 

 

MILFORD

El clásico del barrio de Salamanca. Enfrente de la embajada italiana, Milford reúne aún entre su clientela a caballeros y damas de los años 70. Las cañas aquí son dobles y las tapas son raciones de fabada. El menú de Milford en su planta de arriba es algo que nos ha sorprendido. Un menú muy a la altura por tan sólo 30 euros en fin de semana.

La terraza en verano es una de las más míticas de Madrid donde se puede disfrutar incluso de alta cocteleria.

Un clásico que perdurará hasta que él decida.

Calle Juan Bravo 7

Milford

 

No nos olvidamos en esta ruta clásica por lugares como “El Yate”, “Las bridas” o “Estay”.