Los charrúas fueron los habitantes del siglo XVI del sur de lo que hoy es Uruguay. Fueron más de 2.000 individuos, cazadores, pescadores y recolectores. Utilizaban lanzas, flechas, arcos y se alimentaban únicamente de la carne de vacas salvajes que abundaban en su zona. Atravesaban la carne con un palo y clavaban la punta en la tierra, encendían el fuego y la asaban por ambos lados por igual. Comían carne a cualquier hora y tan sólo bebían una vez que habían terminado de comer. Adoraban tanto las brasas que cuando un sacerdote amenazó a un charrúa con las llamas del infierno, este respondió: “mejor, así no tendré frío cuando me muera”

Charrúa Madrid abre sus puertas en Madrid en la calle Conde de Xiquena esquina con la calle Almirante. No es casualidad que justo enfrente, en el local del antiguo “Oliver” se sitúe “Cannibal Raw”, lo contrario al sentimiento charrúa pero el complemento perfecto. Lo crudo y  la brasa frente a frente. Dos formas de comer muy diferentes. Incluso dentro de los amantes de la brasa está la batalla por el “well done” o el “medium rare”.

Los carnívoros están de enhorabuena. “Charrúa” mezcla una decoración fina, íntima, mezclado con un toque rustico, instintivo que te hace imaginar que el encargado de obtener la pieza eres tu. Sentado frente al fuego, en una mesa de madera alargada con una manta de pelo sobre tus rodillas o ahora en verano en mesas con manteles blancos y observando desde el fondo la llama que atempera esa deliciosa carne, te sentirás como un autentico charrúa.

No todo es carne en este restaurante, pero lo que no es carne, es simplemente acompañamiento a la carne. Por supuesto todo a la brasa, desde chorizo, morcilla, provolone hasta verduras como alcachofas, calabacín o boniato.

Carnes elegidas de las mejores procedencias, Argentina, Uruguay, Australia con su Picaña Black Angus o su lomo Alto, EEUU con sus variedades de Nebraska o Arkansas, y carnes también de Alemania, Holanda.

No puede faltar el producto nacional con su chuletón de rubia gallega, con 40 días de maduración y su steak tartar, el único plato no a la brasa de la carta.

Sus más de 100 referencias de vino tanto de tinto como de blanco, con origen Francés, chileno y como no Argentino y Uruguayo, más las grandes referencias españolas, permiten acompañar estas carnes durante el almuerzo o la cena, todo lo contrario a lo que hacían los charrúas.

Los charrúas como hemos visto antes, solían beber una sola vez y siempre después de comer. Este restaurante también ha pensado en ellos y permite al comensal degustar uno de esos destilados peculiares que son elaborados en el vecino Macera Taller Bar para disfrutar una buena sobremesa.

Esto es “Charrúa”, y su precio medio de 35-40 euros hacen de este restaurante una buena opción para los carnívoros en Madrid.