La familia Landa aparece en escena a principios del siglo XX. Lo hace en un mundo nada fácil. Dedicarse a la hostelería no es montar un restaurante o un hotel y dejar que funcione solo.

Landa nace en 1959, una época muy complicada para la hostelería, sobre todo fuera de las grandes ciudades. Imagínense una época sin webs o Instagram. Si eras bueno, el boca a boca hacía el resto.

La aventura hostelera de esta familia comenzaba con el abuelo Escolástico cocinero en el Real Club Puerta de Hierro y La Perla, en San Sebastián, creando más tarde la Gran Taberna en Madrid. Fue su hijo Jesús, abogado de profesión, quien montó un pequeño restaurante de carretera, de esos de “antigua nacional en los que todos hemos parado alguna vez a reponer fuerzas, al menos los más adultos. Con la construcción de las autovías, en España hemos podido contemplar la muerte de la mayoría de estos establecimientos. Landa sobrevive en el Km 235 de la antigua nacional I como si el paso del tiempo no fuera con él.

Con el paso de los años Landa fue reforzando su cuartel, con la construcción del hotel y sus diferentes ampliaciones como la piscina y la plaza, donde no falta su kiosco art-decó.

En el municipio de Albillos, a unos 11 kilometros de Landa, se conservaba una torre del siglo XIV. Jesús, hijo de Escolástico, se enamoró y acabó comprando la torre desmembrandola piedra a piedra y transportando las mismas hasta el restaurante. Allí fue reconstruida formando lo que actualmente es el Hotel Landa.

En el torreón de Landa se encuentran la recepción del hotel y parte de las habitaciones, donde se ha mantenido la esencia burguesa y medieval de su arquitectura, con un renovado toque llevado a cabo por el interiorista Pascua Ortega.

La piscina se asienta bajo una bóveda de estilo gótico desde la que se contemplan impresionantes atardeceres. Pasear desde la habitación hasta la piscina en albornoz, un desayuno junto a la chimenea, leer un libro en cada uno de los salones, hace sentir que estás en otra época.

Relaix & Châteaux y Landa

Relaix & Châteaux es la asociación creada en Francia en 1954, que tiene como fin último compartir el arte del buen vivir, seleccionando establecimientos excelentes, únicos y con carácter. Hace 22 años Landa decidió abandonar la asociación, dejando entrever su carácter. Landa no necesitaba pertenecer a ninguna asociación ni cadena hotelera. Así se lo hizo saber a Relaix Châteaux quienes no auguraron un buen porvenir al hotel. Muchos hoteles desean pertenecer a esta asociación, otros como Landa han podido sobrevivir sin ello.

Dentro del arte del buen vivir que promulga Relaix&Chateux, está el arte del buen comer. Y en Landa la gastronomía es muy buena. Puedo imaginar en los años 60-70 el parking del restaurante abarrotado de camiones. El mejor indicio de que los platos que allí se sirven son de 5 estrellas.

En Landa se mezcla un servicio hostelero de muchas generaciones. Desde el joven estudiante que alterna sus estudios con trabajo, hasta el Maitre que lleva 42 años trabajando en el mismo restaurante. Todos bajo el mismo aprendizaje de dar el mejor trato y servicio al cliente. El restaurante mantiene la esencia típica de “Taberna de carretera” con sus manteles a rayas y su gran cocina tradicional.

Los huevos fritos con morcilla de Burgos es el plato estrella, pero creo que todo el mundo debe probar la carrillada de ternera.

Landa es Gastronomía, de ahí que su tienda de souvenirs sea un autentico rincón del gourmet. Pasteleria y repostería propia, libros de recetas, morcillas, aceitunas, aceites, mermeladas.

Landa es un bar de carretera de 5 estrellas.